MARIANO CANEGALLO

Folclore

Soy del empalme ´las  vías

Milonga ripolatense

Letra: Mariano Canegallo

Música: Oscar Ortiz

Soy del empalme ´las vías

Sarmiento y General Roca,

El silbato del tren toca

esta lobense  alma mía.

Los rieles fueron la guía

de tu presente... pasado.

Influencia del río Salado

que moja mi corazón,

forjando la tradición

el hombre, José Salgado.

 

Mis lágrimas... tu laguna,

tu plaza fue mi recreo,

tu historia en mis años veo,

de Juan Moreira, tu daga.

De tus heridas mi llaga,

de mis fríos tus calores,

tus voces son mis cantores

que te dedican las coplas,

soy viento cuando tu soplas

la vida de tus amores.

 

Mas cuando fuiste fortín,

en años en que la indiada

con sus potros acechaban

tu integridad, tu bravura,

con coraje la estructura

vos supiste defender,

mas les puede parecer

que lo que digo no es cierto,

mi Lobos, es cielo abierto

pa germinar y crecer.

 

De tu aguada soy la tierra,

de tu parque, tu canal,

soy abeja ´e tu panal,

leña chica de tu fuego,

soy plegaria de tu ruego

soy la punta de tu espina.

De allá, de las cinco esquinas,

del almacén, del potrero,

a Lobos mi amor sincero.

Soy del empalme ´las vías!

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Mi bombo, la flor del ceibo 

Chacarera

Letra: Mariano Canegallo

Música: Christian Citterio

Han visto nacer mi bombo

tus indias manos curtidas,

y un latido diste a su alma,

que anda soñando en mi vida.

Y va arrullando, mi bombo,

a las estrellas dormidas

 

Fue el sol, testigo en tu patio,

Quien le dio luz al follaje,

caricias de sombra fresca

que pal calor me brindaste,

dibujando guardas pampas,

las que en mi bombo sellaste.

 

Y dime: ¿Dónde ha vivido?

¿De qué ceibal era el dueño?

¿De cuántos nidos, cobijo?

O fue consuelo del viento.

¿O fue refugio de amores

mi bombo, la flor del ceibo?

 

En tiempos de Salamanca

van repicando los sueños.

Al indio Froilán González…

Voz de mi bombo legüero.

Has visto nacer mi bombo

El que pa siempre yo tengo.

 

En tantos atardeceres

pude escuchar su sonido,

el que le dio tu sonrisa

esa, que encarnó tu oficio.

Y que llama entre los montes

al sol que ya se ha escondido.

 

Las lunas convocan fiestas,

retumbos de los encuentros,

que besan tiempos sin tiempo

del corazón santiagueño.

Y van deshojando leguas

como abrazando recuerdos

 

Y en este canto, tu canto,

se va enamorando en versos

los que guardaste en mi bombo

allí en mi bombo legüero.

El que traje de tu rancho

pal lao de donde yo vengo.

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Secretos de mi guitarra 


Tantos años te he querido,
queriendo ya no quererte.
Y he guardado este secreto
tan bien guardado que duele.
Bordé en mi pañuelo blanco
tu pañuelo azul celeste.

En una hoja escondida,
celosamente guardada,
por esperarte, mi espera
fue casi desesperada...
fueron caricias las letras
que nunca me reclamaras.

Hoy te confieso y te canto
que eternamente te amara.
Tu mirada abrasadora
se va envolviendo en mi zamba.
Tu sonrisa es la madera
secreta de mi guitarra.

Mujer, que junto a mis noches,
en cada luna me cantas
y en cada canto tu enciendes
el lucero en las mañanas,
dejando en mis ojos negros
tu perfume... y esta danza.

Seguiré amándote ensueños,
para ser tu dueño al alba.
Y así amarte eternamente
en cada noche estrellada.
Y recordarte en la luna
casi como te soñaba.

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Mendoza en mis sueños 

Tonada

Letra: Mariano Canegallo

Música: Christian Citterio

Canta en el valle la luna,

su idilio canta en mis versos,

mientras se duermen las viñas

en mis morados desvelos.

 

Y enamorada en Maipú

me diste retintos besos.

De negras uvas, tu boca.

De tu origen, el secreto.

 

Tus besos azul violáceos

tiñen de vino y febrero

mi corazón, la vendimia…

todo Mendoza en mis sueños.

 

Allí, en tu frutal mirada,

bajo los ojos del viento,

tus lágrimas son la brisas

del turno que da el tomero.

 

Y en las acequias, la risa

tan mendocina del riego,

que va mojando en los valles

las jarillas y los versos.

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El inmigrante 

Tonada

Llegaste del viejo mundo,

malbec, pa que yo te quiera.

Y te afincaste en mis valles.

Fue tu terruño mi tierra.

 

En tus otoños dorados,

siempre bruñida mi espera,

para abrazar al invierno

tu arisco sabor… Tu cepa.

 

Y así enraizaste el sol

a tus brunas uvas negras.

Fueron racimos tus noches

de serenatas y cuecas.

 

Enredado en el aroma

delicado de las siestas,

como sarcillos ceñidos

yo me envolví en tus caderas.

 

Y al vestirse de febrero

todo vendimia en mi mesa

llega, inmigrante, en mi canto,

como agua de las acequias.

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Tuamá 

Chamamé

Letra: Mariano Canegallo

Música: Mariano V. Tuamá

 

El rincón escondido de tu alma que espera,

fue la búsqueda larga, con mis pilchas a cuestas.

Con la piel, calcinada, de preguntas eternas

y en los años, marcadas mis deseadas respuestas.

 

Tus caminos, Corrientes, son mis venas abiertas.

Y en mi sangre aquel río que a mi piel no mintiera,

con razones perdidas que mojaran mi tierra.

Y aunque nunca pescara, fue mi oficio la pesca.

 

Pescador escondido, fue mi espera tu espera.

Mi silencio arrancado de tu muda tristeza.

Se hizo canto en mi vida. Se hizo vida en tu puerta

y en tu abrazo, el abrazo, de mis lágrimas, vieja.

 

Fue el amor de mi casa quien guardó de mi espera

y alivió mi camino, con la cruz siempre a cuestas.

Fueron besos sus besos, sus caricias eternas...

Y su tibia mirada, fue su sola respuesta.

 

Y tu puerta sencilla, tan lejana y abierta,

en el fondo tu piel que a mi piel no mintiera.

Y en mis lágrimas, tuyas, barro gris de mi tierra.

Y en tu llanto aquel río, pa mi oficio, la pesca.

 

Y fue dulce la mano de mi fiel compañera,

como el agua del río pa mis venas abiertas.

Soy silencio arrancado de una muda tristeza.

Soy tu canto, Corrientes… Soy tu hijo… mi tierra!

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Milagro, mi milagreña 

Chacarera

Letra: Mariano Canegallo

Música: Carlos Leiva

 

Te fui conociendo, tierra,

tierrita… leguas adentro.

En tus pupilas de luna

bailó el color de mis besos.

 

Milagro, fue por quererte

que mis desvelos robaran

tus ojos, carbón de leña,

tu piel trigueña riojana.

 

Cercada en mi corazón

como sabiéndote dueña.

Quedaste presa en mis labios

Milagro, mi milagreña.

 

De tu verdor, la esperanza

fue destejiendo espinillos

y en tu voz aceitunada

mi canto encontró su nido.

 

Fue del adobe del rancho,

que fuera mi hogar, mi casa

y en la frescura del patio…

el patio en que yo te amara.

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Viejo almacén de Negri

 

No se ven venir los peones

que habitaron las estancias.

Ni los árboles, desnudos,

que desvistieron el alba.

 

El olvido del palenque

recordó la caballada,

siempre esperando a los peones,

en horas de espera mansa.

 

Cuando un trago socarrón

hondas penas sepultaba,

la luna se fue, silente,

blanqueando la madrugada.

 

Ah! viejo almacén de Negri,

verde… de verde esperanza…

Fuiste verdor del follaje,

en la luz de tus ventanas.

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Mientras escucho el cencerro

Recitado criollo

Letra: Mariano Canegallo

Música: Mariano Canegallo

Las lilas flores del cardo

que acompasaron el tiempo,

me entregaron su sonido,

cuando lo hallé entre mis sueños.

Y en el piropo galante,

que me dio, de solo verlo,

mi memoria corcoveó…

mientras sonaba el cencerro.

 

¡Qué sonido que tenía!

¡Si habrá pisado entreveros!

de la tropilla entablada

que tuve, (de un solo pelo).

¡Si habremos marchado leguas!

¡Si te habré escuchado, lejos…!

Y de pronto interrumpió

una imagen en el viento.

 

Me vi, montado en mi flete,

un gateado cabos negros,

galopando bajo el sol

caliente, de los desiertos.

Y junto a mí, la madrina,

envuelta en su campaneo,

abrazada entre las almas

de la tropilla, en mi sueño.

 

Y allí… mi bagual picaso,

que fue lunar de mis versos,

obligaba tradiciones

de pujanza en el rodeo.

Y como ayer, hoy galopan,

acompasando aquel tiempo,

mi tropilla de gateados,

mientras escucho el cencerro.

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Entre luces 

Zamba

Letra: Mariano Canegallo

Música: Pablo Ledezma

Tantas veces, de abrazarte

se hizo tarde aun sin tiempo

y fue casi por amarte

que me cubrí de desvelos.

 

Tantas veces, de ceñirte

suavemente hacia mi cuerpo

tu voz me dio un dulce acorde

invocándome un recuerdo.

 

Te abracé tanto, tantas veces…

que vos y yo en un intento

nos dormimos en el canto

que a tu boca le dio el viento.

Y en el idílico abrazo

que consumó mis deseos,

con tu fragancia, guitarra,

vos cortejaste mis versos.

 

Tantas veces, de rodearte

con mis brazos, y mi gesto

fueron gastando las noches

alboradas y troveros.

 

Tantas veces, el abrazo

despertó en tu amor los celos

de una mujer, la pasión,

entre luces y sin tiempo.

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Zamba del embrujo 

Chacarera

Letra: Mariano Canegallo

Música: Christian Citterio

En las nubes voló tu mirar,

colores de recuerdos que mi vida ya guardó.

Tus manos no puedo negar

al verte en el otoño que llenó mi corazón.

Presente muchachita que en mi pueblo despojó,

esencia de jazmines y de amor.

 

La memoria de verte pasar,

cubierta por estrellas y ceñida por el sol,

tus labios yo quiero besar,

con suaves melodías y voces de calor.

Figura de rosal,  espinas que enclavó

el cuerpo que una tarde floreció.

 

Con el embrujo que tu vida con su hechizo me encantó,

sólo una página que miente su demencia y su pasión.

Quiero volverte a ver, quiero tenerte ya

envuelta en las razones de mi amor.

 

Con tu gracia coqueta al bailar,

girando con tu mano ese pañuelo en su esplendor.

Tu  risa de dulce sabor

le dio a la danza un cambio en el suelo del amor,

y el vuelo que eras vos, la representación,

por no tenerte hoy en mi dolor.

 

Ahora salgo solo a caminar

mirando entre las nubes el remanso del adiós,

solo puedo beber y llorar

por todas las estrellas que le rezan a tu flor.

En esta despedida quedan lágrimas y yo

prendido de tu dulce corazón.

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Chamarrita de Isondú

Chamarrita

Llorando rayos de luz

por la hermosura que vi,

ai anda el alto Isondú,

el más bello Guaraní.

 

Tiene perfume a madera

con que amores cautivó,

es la orquídea de la selva,

que envidia del hombre halló.

 

Al golpearte y darte muerte

una luz en cada herida

envolvió a este indio fuerte

pa mantenerlo con vida.

 

Y volaron por la selva

mil centenares de luces.

Luciérnagas de la noche,

el alma, los Isondúes.

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El Cardón

Chaya

Letra: Mariano Canegallo

Música: Christian Citterio

 

Ruegas al cielo, cardón en el cerro.

Sol de simpleza y valor;

toda tu savia custodia la vida,

la Pacha Mama que al indio encarnó

 

En las laderas mas altas, olvido.

Hasta la Puna imploras.

Pa que no invadan nuestra madre tierra

Ni duerman los niños hambrientos de paz.

 

¡Ay!, Soledad del indio que espera

la orden del Inca, del grito inmortal

y en su vientre enamorados

tiempos en los tiempos supiste soñar.

Supiste soñar, en tu soledad.

 

Pasan las lunas, sus pies a la greda

tus raíces, mi ser.

Valle de roca, cielo celeste

descubren al viento, su florecer.

 

Filosa espina desde la tierra

Sueños para contemplar,

para el cuidado, cardón de tu alma

cubre tu vida, la cordillera

 

¡Ay!, Soledad del indio que espera

la orden del Inca, del grito inmortal

y en su vientre enamorados

tiempos en los tiempos supiste soñar.

Supiste soñar, en tu soledad.

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Zamba para Coquena

 

Con tu sombrero ovejuno

tu estatura baja, nube blanca

Ya te han visto, Coquena los cerros andar

cuidando vicuñas y llamas.

 

Se oye un silbido de amor

y el rebaño solo, ha de arriarse.

Solo tu llevas ganado a pastar

al reverdecer de los valles.

 

Cuando salís en la noche estelar

de luna caliente, para el Potosí.

de plata y oro llenito llevas

una vicuñita con cargas

Y si algún chango quisiera cruzar

le das con tu magia esta zamba.

 

Viste de lana ‘i vicuña,

en los altos cerros, vigilante.

Libes al aire deja boliar

pa cazar chulengu, adelante.

 

No hay donde esconder, si miente

si tiene un fusil, ¡madre santa!

Al buen pastor el va’ recompensar

es pa vos Coquena esta zamba.

 

Cuando salís en la noche estelar

de luna caliente, para el Potosí.

de plata y oro llenito llevas

una vicuñita con cargas

Y si algún chango quisiera cruzar

le das con tu magia esta zamba.

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El Pombero

Chacarera

Letra: Mariano Canegallo

Música: Christian Citterio

 

Yo me adentré en la selva grande

y me vi medio perdido ahí

¡Ay! Pomberito yo quiero verte,

escuchá pues mi pedido aquí.

 

Como cuidas de las aves, vuelo

y la corteza en el suelo está,

Pa proteger todo el bicherío

aquí abajito te espero, acá.

 

Solo corazón, con piel de aguará

El río en mi ser, soy un cunumí

escuchá Pombero este sapucay

que vuela de mi alma guaraní.

 

Cabeza grande, petizo y fiero

Luz de la vida en el monte azul,

yaguareté que andas escondido,

te via decir mi intención de luz.

 

No espantés a los animales

que solo traigo mi maracá,

ni la eirté me ‘i bajao Pombero,

estos panales, tu propiedad.

 

Solo corazón, con piel de aguará

El río en mi ser, soy un cunumí

escuchá Pombero este sapucay

que vuela de mi alma guaraní.

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Carruf Taiel

“El canto sagrado del viento” (Loncomeo)

 

Los Viejos entre los viejos

desde la altura del tiempo

siempre oyeron tus sonidos,

canto sagrado del viento.

 

Carruf soplaste las flautas

al cruzar los pajonales,

redoblas como el timbal

al tocar los pedregales.

 

Clarín en los remolinos

vos la música creaste

violín sobre el agua mansa,

viento de tierras australes.

 

Elëngasen te ha creado,

te ha puesto distintas pieles,

y te hizo musiquero

Sureño Carruf Taieles.

 

Si en las tierras araucanas

no existieran instrumentos,

sus ritmos darían las notas

azotadas por el viento.

 

Alma propia del cultrún

que danza en torno al rahué,

como antes, como siempre,

sagrado Carruf Taiel.

 

En el cerro Yanquenao

hay un cultrún mineral,

petrificado de embrujos

pa que no pueda cantar.

 

Presa su alma musiquera

hoy revive el pillantún,

con instrumentos mapuches,

canta un soplo del cultrún.

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La llorona

Milonga

La vi vestida de blanco

no tenía pieces, y es cierto,

deambula por campo abierto

llorando constantemente,

el gemido ciertamente

enloquece al perrerío,

o por lo menos al mío

cuando la vimos volando

al ras del piso y gritando

sus lamentos pobreríos.

 

Trai desgracia a los paisanos

aunque le ande de buenas,

sale siempre en luna llena

y se acerca pa las casas,

enfermando donde pasa

a todo crestiano sano

y reboliando la mano

saca toda su maldá.

Y al doliente sin piedá

lo manda pal otro lado.

 

Por un castigo divino

ella anda siempre llorando

eternamente buscando

al hijo que ha abandonado,

que pa esconder su pecado

lo tiró al agua del río.

Y si en algún amorío

se encuentra un mozo del pago,

le pega un abrazo helao

hasta matarlo del frío.

 

Me la’í cruzao en el campo

cosa mortal, según dicen,

al que se apiada o se aflige

por escuchar sus gemidos,

les roba o deja tendidos

a medio estirar la pata.

Con un salto mi alpargata

se acomodó en redepente

y se fue cuando en su frente

le puse mi cruz de plata.

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Pillan Quitral

El fuego sagrado (Kaani)

 

El que siempre existió lloró y lloró,

sus lágrimas formaron el Arrok

y al dejar de llorar, él suspiró,

inicio del viento en el sur contempló.

 

Una chispa, su mano cascabel,

rasgando las tinieblas, creación,

ese fuego sagrado, Antü Malguén

que se funde en las llamas de este sol.

 

Andando por el tiempo Elal

al chonek, primitivo lo creó.

Tehuelche el indio del Chaltén,

fue su guía y el manto protector.

Del frío y la helada lo cuidó

ilustrando la risa con su piel.

Y es sagrado el color que concedió

el secreto de la chispa, vida y miel.

 

Como ofrenda al creador va nuestro amor,

que vuelva y no se lleve del Chaltén.

Dejaremos todos al Pillán Quitral

Que no se lleve al sacro Antü Malguén.

 

Muchas lunas han pasado desde allá,

la llama de este fuego de calor,

que perdura en el centro del volcán

y que es chispa para siempre, nuestro sol.

 

Andando por el tiempo Elal

al chonek, primitivo lo creó.

Tehuelche el indio del Chaltén,

fue su guía y el manto protector.

Del frío y la helada lo cuidó

ilustrando la risa con su piel.

Y es sagrado el color que concedió

el secreto de la chispa, vida y miel.

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Chacarera de l’ alma  mula

Muy cerquita de Mailín

yo me la supe ver fiero,

l’ alma mula me ha corrido

por Santiago del Estero.

 

Mujer que anduvo en amores

con el mesmísimo cura,

y en mula se ha convertido

por sacrílega la impura.

 

De orejas largas y claras

y el pelo oscuro pa negro,

corre en la noche los campos

y por la boca echa fuego.

 

Alma mula pecadora

con esos relinchos fuertes,

andás  entre piquillines

encadenada a la muerte.

 

Viste cadenas de oro

que crujen constantemente,

junto a  relinchos y aullidos

atormentan a la gente

 

Yo te voy a liberar

de tu martirio embrujado,

tuzando tus crines, mula,

con un cuchillo afilado.

 

Mojao en agua bendita

tambien cortaré tu oreja,

te sacaré el freno de oro

pa que mueras, mula vieja

 

A riesgo ‘e mi propia vida

hoy toparte yo quisiera,

Mul’ánima santiagueña

es pa vos la chacarera

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La Salamanca del Huáncar

Chacarera

Allá en el Huáncar vive el Zupay,

la fiesta, el baile ya comenzó.

La salamanca empieza a bailar.

La luna llena el cerro alumbró,

pa que mandinga empiece a brillar.

Dulce tum tum, tu caja se oyó

cuando comienza a salamanquear.

Noche de azufre, noche de flor.

 

Por la quebrada no hai de pasar

ningún arriero solito irá

porque a la fiesta lo han de invitar.

Y el brujerío sorpresas da
 unos vinitos para tomar.

y los ciegos de nuevo verán

el sol, el cielo y las estrellas.

¡La salamanca empieza a bailar!

 

Pero lo pior es pa’l carnaval

del Huáncar sale a la quebrada

la Salamanca empieza a ‘nimar

pa que la gente adore a Pujllay.

Ave María voy a rezar

Diosito, libra todo este mal.

Y de mandinga me ai de escapar,

pa no empezar a Salamanquear.

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Runa Uturunco

Chacarera

Letra: Mariano Canegallo

Música: Christian Citterio

 

En una noche de luna

de aquellos tiempos pasados,

yo vide al hombre puma,

un viejo indio cansado.

 

Es como un tigre cebado

que para el quechua fue runa,

era un gato condenado

sin alma y piedad ninguna.

 

No le ande desprevenido

porque este runa uturunco,

varios peones se ha comido

de a uno y a todos juntos.

Tiene una piel de animal

feroz alma de este monte.

Y se empieza a transformar

cuando hay lunas en la noche.

 

Brillan las huellas felinas

convirtiéndose en cristianas.

A los caminos lastiman

sus garras que nunca faltan.

 

La cañada de Vinchina

lo ha visto en su forma humana.

Ese gato bien mandinga

es delicado pa las balas.

 

Es bailarín de la sombra,

chacarereando bien trunco,

Enamorado de la luna,

se ha visto al Runa Uturunco.

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Corrales viejos

 

Lugar de encuentro y trabajo,

se ven sus postes añejos,

redondos corrales viejos

de doble alambre acerado,

con un palenque plantado

en el medio del potrero.

Barro seco, el pisadero,

embudo ‘e tablas partidas,

la manga, el cepo y mi vida

en tu espíritu campero.

 

Los galpones del costado

que guardan las herramientas,

lazos, bozales y cuentas

y hasta un catre desarmado,

un cajón con diez candados

son recuerdo de tu historia.

Años pasados de gloria,

de yerras y reuniones,

donde las rojas canciones

resuenan en mi memoria.

 

Los hilos de más abajo

arqueados por la alpargata

de afirmarle bien la pata

cuando comienza la farra,

pa sostener la guitarra

que acompaña a los cantores,

se lucen los trovadores

entre cuentos de ocasión,

y hacia un lado del fogón...

contrapunto y emociones.

 

Lugar de encuentro y trabajo,

rinconcito de mi alma.

Querencia como las palmas

de mis manos, tus sauzales,

paraísos y animales

que adornaron tus festejos.

Del tiempo de antes, de lejos,

y de ahora en el presente,

son testigos de su gente,

redondos corrales viejos.

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Zamba de amor prohibido

Chacarera

Letra: Mariano Canegallo

Música: Christian Citterio

Yo canto para tus ojos,

recuerdos de la mañana,

para el sol de tu sonrisa,

que pinta color en mi alma

y a la luna de mis noches

que adormece mi esperanza.

 

Yo canto para tus manos

la suavidad del rocío,

y el susurro de mi sangre

que llora tu amor perdido

y el susurro de mi vida

en trebolares de olvido.

 

Te canto porque te quiero,

y en mis dolores te pido,

ahora que no puedo verte,

dame en tu sombra un abrigo

Que ya no puedo tenerte

¡Ay! Zamba de amor prohibido.

 

Yo canto a tus piernas blancas,

las que mi vida envolvieran,

las que de piel ya no abrazan

entre lirios y azucenas;

y mi pasión recordara

en danzas de amor perfectas.

 

Yo canto para tu alma

este amor de serenatas.

Por no tenerte, te espero,

por esperarte... me matas.

Y al morir por vos, te tengo

corazón. Mi enamorada.

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Yamila

 

Cosquilleando el corazón

Cuando su nombre resuena

Y su presencia se quema

Con un aplauso lindón

No hay grandeza en la razón

Para estas cosas comunes.

De la luna viene el lunes,

De la escuela la rayuela,

De los pagos de Cañuelas

Viene Yamila Cafrune.

 

Tranco lento y sostenido

Madre, mujer y cantora

Va fundiendo ayer y ahora

Pa un futuro sin descuido

Pa que no caiga al olvido

El canto que con decencia

Entonó en su adolescencia

Y aura canta en el presente

Pa deleite de la gente

El bagaje de su herencia.