MARIANO CANEGALLO

Poesías

De rosa, rosa

 

De rosa, rosa, tu cuna.

De rosa, tus rosas blancas,

vistió de rosada luna

mis lunas... mis madrugadas.

 

Tu rosada piel arrulla

su vientre de piel rosada,

como un pétalo que acuna

toda su alma acurrucada.

 

De rosa pintaste el cielo,

en la inmensidad rosada,

con titilantes destellos

de brillazón estrellada.

 

Habita, eterna, en mis sueños.

Toda niña, toda amada...

Y en el sol rosado, un beso,

tu aroma de rosas blancas.

Volver

Vacío

 

Me acompañan dos silencios

entre las sombras del patio,

y un ladrido, en mi recuerdo,

que va llenando los ratos.

 

Me acompañan diez relojes

que en una caja yo guardo,

y que oculto los momentos

de mi vida, en cada paso.

 

Los colores del otoño

te pintaron a mi lado,

con “A”, de dulce amarillo,

con “N” de naranjado.

 

Y con “T”, pocas trazadas,

de sus maderos torneados,

te poblaron las ausencias,

los pajares y los nardos.

 

Me acompañan dos silencios,

que junto a mí están sentados.

Y en el ladrido, un vacío,

que va llenando los ratos.

Volver

Donde albergar los sueños

 

Yo te invito a mi hogar,

te invito a casa.

Donde moran mis ángeles,

donde cuido a ese perro

que no es mío,

(que no tiene dueño),

donde duermen mis sueños.

Mis mañanas despiertan, siempre nuevas

entre ladrillos viejos.

Y te invito a esta casa

que es mi hogar,

donde lavo mi ropa

donde plancho recuerdos,

y la sombra del patio

pinta un paraíso añejo.

Es ahí donde he llorado mis dolores... mis duelos.

Es allí donde río... donde vivo...

entre encendidos leños.

Volver

Las vueltas de la vida 

 

Las vueltas de la vida

no tienen vuelta.

Su vuelco, sólo rota

en la existencia

de vivir, aunque ellas

giren sin parar, así,

como sin salida.

Así son... como los

caramelos multicolores

endulzan de rojos,

de ámbar y naranjas los

blancos rincones de los días.

Las vueltas, son apenas

unas pocas líneas rectas

que se curvan

para abrazar el arco

inexorable de la vida.

Son apenas las

tiernas miradas tuyas,

en un tiempo borracho

y azorado de sonrisas.

Es este verso que estás leyendo,

que no tiene vueltas...

como la vida.

Volver

El segador 

 

Él se levantó temprano.
Él se ha levantado al alba.
Y bajo el sol, todo el campo
lo esperó en la madrugada.

Él fue, hincándose a Dios,
segando, como si hallara,
en la mayor pequeñez
la altura mas encumbrada.

Y fue, cortando la mies…
Él fue quien armo las parvas.
Sus manos fueron la brisa
que la historia refrescara.

Él supo blandir la hoz
en el silencio. Y su alma,
siempre vio la hierba buena
dormida en la hierba mala.

Fue aroma a pan, en la mesa,
aroma en doce tajadas.
Aroma de once semillas
Que apartó de la cizaña.

Volver

Cuatro letras

 

Algún día escribiré una palabra

que fecunde tu vientre.

Algún día, podré verte llena de letras

y de oraciones con verbo y también

con sujeto y predicado.

Sólo algún día...

Ese día en que los dos puntos

no definan situaciones,

cuando el acento no acentúe

y la palabra escrita solo tenga cuatro letras.

Algún día, escribiré una palabra

que te arranque risas y te ahogue en lágrimas.

Que te robe el corazón cada mañana

y que manche de tinta el mantel

en cada cena. Y que te haga despertar

en cada madrugada.

Sólo algún día... sin respetar renglones,

voy a escribirte una palabra.

Volver

Un poco de su olvido 

 

Apenas en su piel,

la desnudez se expuso suavemente

al desconsuelo.

Y acarició la espera

con la palma tersa de su soledad,

hasta que el sol

le diera un poco de su olvido

al brillo de la estrella que

dejó en su azulado cielo.

Apenas se hincó sobre

sus pies desnudos

a tratar de recordar

el camino transitado e

invariable de los besos.

Pero sólo encontró su soledad

que se aturdió en los gritos

más feroces y tremendos

del silencio.

Volver

Los instantes quietos de mi infancia 

 

La mirada lenta

de mis ojos
quedo pausada,
como girando
en los instantes quietos

de mi infancia.
Y en el viso rojo
que manchó mis ganas,
giro y giro,
envolviendo vueltas,
de gracia resuelta
con resuelta gracia.
Allí, mientras el hilo
desenrolla el tiempo
de los días,
en el férvido tirón

de la mañana,
danza, danzando
en su pie
otro anochecer
que al caer la tarde,

baile, tambaleante

reflejo, tan suave,
equilibra el tiempo
de suaves reflejos
en la madrugada.

 

Volver

En el alumbre del alba 

 

En sus rayas amarillas

se pintaron esperanzas

y dormitaron sonrisas

en sus renegridas franjas.

Y despertaron premisas
en el alumbre del alba.

Y revoloteo la vida,
si, revoloteo con ganas.

Momentáneas las celdillas

donde afanosas trabajan,

dulces instantes fabrican
de miel y mieles, sus casas...

 

Todas son una y ninguna.

Todas son panal, son casta.

Son todo flor son ayuda

y polen de sus mañanas.

 

Allí, en el cielo, sin prisa,

su vuelo de oro, doraran,

con coloreados zumbidos

vocalizando en sus alas.

 

Y en un árbol, cuando anidan

enjambrándose en sus ramas,

tiñen rayas amarillas

en sus renegridas franjas.

Volver

Sangrando recuerdos 

 

Le va doliendo la paz

a la inmensidad del cielo

y se hiende en nubarrones

que van sangrando recuerdos.

 

No hubo en su historia más

que lanza, caterva y fuego

y la doliente verdad

que fue abrazando destierros.

 

Y sobrevino, voraz,

el grito eterno del pueblo,

beligerante y rapaz,

de tantas muertes, sediento.

 

Aun se puede escuchar

en la quietud del desierto,

el resonado tronar 

del galope de sus pencos.

 

Y en la embestida mortal

de tacuaras, sangre y miedo,

cayó una lanza, sin paz,

que va sangrando recuerdos.

Volver

Cosas que a veces pienso 

 

Me acecha el paso del tiempo…

Eso he pensado a veces.

He sentido que la vida,

desde que se mezcla

con el tiempo,

se ha convertido

en un cúmulo de

insignificantes días

que van hundiéndose, en

mi piel, como surcos

vencidos en

la áspera rugosidad

de mi antiguo rostro viejo.

También pude avistar

aquella mancha

que llenó de tinta

todos estos años

que llevo encima…

y que entregan un pellizco

de mi madurez

al otro lado del espejo.

Me acechan las horas perdidas,

cuando me veo allí,

corriendo sin sentido,

como un niño de

pantalones cortos,

a pesar de las sonrisas

que enfriaban los inviernos.

Y las gotas de lluvia

suspendidas en el vidrio,

y las ventanas mojadas…

y las zanjas con pastos secos.

Me acechan los colores que

hoy matizan todo de color

y, que ayer, sólo eran

tonos de blanco, embriagados

con hilos de un profundo

tinte negro.

Me acechan tantas cosas de la vida...

Son cosas que a veces pienso.

Volver

Pero sabía 

 

Tal vez no quise saber,

pero sabía.

Tal vez no quise pensar

que yo podía conocer

y someterme

justamente a su noticia.

Tal vez no quise saber

pero, así, tal vez,

como sabía,

conseguí desconocer

lo que, a todos,

pudo ser

sólo cosa conocida.

Tal vez, y sólo tal vez,

como sabía,

el destierro fue la pena

por haber creído ser

quien no era, ni debía.

Y como, tal vez,

y sólo por saber

que mi soberbia se abrazara

a la tuya, en la codicia,

se quedara en aquel fruto

el dolor que de mi boca

fuera sólo la causa de su herida.

Así pues, esa inmortal condena

que me llevó a vivir por siempre

mi arrogante altanería,

fue tan infinita e interfecta

como la muerte misma

porque, tal vez,

no quise saber...

Pero sabía.

Volver

La sombra

 

El sol encendió

de auroras

todas las baldosas

que adornan mi casa.

Y allí,

tantas pinceladas

de su claro albor

entraron, sedientas,

bajo la rendija

que dejó la puerta

para que ella entrara.

Y clareó, tan blanca,

sobre el mediodía

para amanecer entre

las tinieblas le dio mi alma.

Así… siempre, el sol,

pintó en mis zapatos,

la espantosa sombra

que a mis pies, dolientes,

siempre acompañara.

Y traté de huir…

Y no supe cómo.

E intenté viajar,

muy lejos de mí

para allí dejarla.

Pero ella siguió

a mi lado, aquí,

junto a mis zapatos,

eterna y al tiempo

de mis caminatas.

A lejanas tierras

yo quisiera ir

a tratar de ver

si no sale el sol

que encienda el pincel

con su claro albor,

para así olvidarla.

Aunque... ya lo sé,

ella estará allí,

muy junto a mis pies

para recordarla.

Volver

Sangrando recuerdos

 

Le va doliendo la paz

a la inmensidad del cielo

y se hiende en nubarrones

que van sangrando recuerdos.

 

No hubo en su historia más

que lanza, caterva y fuego

y la doliente verdad

que fue abrazando destierros.

 

Y sobrevino, voraz,

el grito eterno del pueblo,

beligerante y rapaz,

de tantas muertes, sediento.

 

Aun se puede escuchar

en la quietud del desierto,

el resonado tronar 

del galope de sus pencos.

 

Y en la embestida mortal

de tacuaras, sangre y miedo,

cayó una lanza, sin paz,

que va sangrando recuerdos.

Volver

Eso dicen

 

Dicen que el tiempo

corre... o a veces vuela,

o también que escribe

detrás de ese tic tac

tan serenamente

su descansada espera.

Dicen que encerradas

en cada plenilunio,

las brujas, cada una

con su escoba,

suspendidas en el tiempo

merodean.

Así dicen...

Como caen al lienzo

los amantes

dentro de aquel vertiginoso

reloj de arena.

Dicen que el tiempo

convierte a la semilla en flor,

a la oruga en mariposa

y hasta a veces

la alegría se recuesta

en los brazos dormidos

de la pena.

Ese tiempo que nos ve

crecer, en cada marcha,

hasta que un día como hoy

podemos ver como han pasado

tantas décadas.

Dicen que el tiempo

es como un mago

que nos carga de sonrisas

la ilusión de los deseos

cuando baila entre

sus dedos alguna

fugaz y solitaria estrella.

Eso dicen del tiempo.

¡Ah! me olvidaba

que esta tarde

muy probablemente llueva.

Volver

El laberinto

 

Me van llagando la piel

las hondas tempestades

de mis palabras.

E irrumpe en ella,

cual Minotauro,

la estridente y

brutal mudez

de un nuevo rencor

que bebe la furia

de mis infiernos

y malandanzas.

Y fui, rogándole paz,

a la oscura lobreguez

que ensombreciera

todos mis días

y algunas lunas,

como una estrella que

sueña, ebria,

ser en la noche

aquel cocuyo de luz serena

que titilara.

Y ella me dio, de su sinrazón,

el laberinto de su conciencia

que, sin prudencia,

me regalara para esconder

este gris afán de conspiración

y brutal venganza.

Y en el cruel encierro,

donde no hay pretextos,

nunca sucumbí

a su antipatía,

ni a mi represalia.

Y en todos los tiempos,

sólo un tiempo azul,

entre los pasillos,

fuera recorriendo

desde lo profundo

de los pasadizos,

de este laberinto,

donde aquel rencor

que fue preso allí

no halle la salida

ni vea la puerta

donde un día entrara.

Volver

Donde albergar los sueños

 

Yo te invito a mi hogar,

te invito a casa.

Donde moran mis ángeles,

donde cuido a ese perro

que no es mío,

(que no tiene dueño),

donde duermen mis sueños.

Mis mañanas despiertan, siempre nuevas

entre ladrillos viejos.

Y te invito a esta casa

que es mi hogar,

donde lavo mi ropa

donde plancho recuerdos,

y la sombra del patio

pinta un paraíso añejo.

Es ahí donde he llorado mis dolores... mis duelos.

Es allí donde rio... donde vivo...

entre encendidos leños.

Volver

Una misma veta ©

 

Somos diferentes ramas

de una misma veta.

La misma raíz…

El mismo aroma

dará nuestra flor

cuando se abra al sol

en la primavera.

Y en tus propios brazos,

y en mi propia fuerza,

anida la sabia

misma de la tierra.

Al verte crecer

yo te vi luchar

y me vi llorar

al amanecer,

por verte correr

por verte soñar y,

porque crecieras.

Y aunque

un viento atroz

nos haga torcer

no podrá quebrar

nuestro corazón

auque aquel dolor

quiera doblegar

a la desnudez

que da la razón,

por pertenecer

al mismo filón

que, del mismo amor,

nos dio la madera.

Volver

Insomne

 

Aquí estoy… Insomne… y

navegando como dormido

entre mis cortas utopías.

Cayéndome en el abismo

de las sabanas, tuyas,

que creí despiertas

pero pude ver

ciertamente adormecidas.

Estoy como colgado

del medio de un renglón,

haciendo equilibrio

en la página

siguiente del libro

que estoy leyendo

mientras espero la hora

de soñar con algún angelito

que me llene la noche

de pequeños y

luminosos días.

Aquí estoy... insomne de amor

y entumecido de sonrisas.

Volver

 

La mirada de la vieja

 

La mirada de la vieja 

tiene todos los colores.

Tiene azul, y en la orejas,

siempre tiene comprensión.

 

Tiene rojo entre las cejas

cuando abrazo confusiones

y, cuando lloro de pena,

en su mirada, verdor.

 

Un amarillo soleado

en sus manos, la tibieza.

Y en su suelta cabellera

el brío de su pasión.

 

En blancos años que fueran

mi rosada piel de niño

yo recuerdo su cariño

al resueno de su voz

 

Y en su cielo anaranjado,

donde sus ojos florecen,

el sol ardiente se duerme,

rememorando su amor.

Volver

Donde mueren las palabras

(La ley del más fuerte)

 

Cae la espada, violenta...
injusta y ensangrentada,

desplomando la justicia
en un abismo de razas.

En la letra de las leyes
impune muere quien mata.
Y en su nervio, sólo habita,
la intención de su pujanza.

Es, el que ejerce poder
quien, inclinando la báscula,
procura el derecho propio
de imponer lo que ordenara.

Y quien inculpa su culpa
silenciosa y arbitraria,
profesa un poder arcano
donde mueren las palabras.

Volver

Después de la lluvia

 

Una brisa reverdece,

de pastizal refrescada.

Y da un brillo de inconciencias

la luz de la resolana.

 

En ocres amanecidos

de silencios y de pampas,

van olvidando tormentas

en bruñidas alambradas.

 

Allí, bajo el montecito,

ella, como estrella blanca,

se esboza dentro del rancho

mi rancho viejo… mi casa.

 

El cielo añil ya despierta,

deja brisas refrescadas

y brilla con su inconciencia,

la luz de la resolana.

Volver

Los rocines del tiempo

 

No ha llegado

el tiempo de partir.

No ha llegado todavía…

Hay muchas horas en la noche

y demasiadas noches

que enfrentar al

remanso claro de los días.

El tiempo empuja

los minutos para poder vivir

y en su apuro

es tirado por la furia

atrevida del espíritu,

como si fuera

arrastrado por corceles,

ávidos de tiempo,

recorriendo el camino

implacable de la vida.

No ha llegado

el tiempo de partir.

Puedo advertirlo

mientras llevo las riendas

en mis manos

y siento sobre mi insolente

rostro una fresca y

apresurada brisa.

Volver

 

 

Danzante

 

Fui ensayando cada

paso de mi vida,

cada intensa situación.

Mis movimientos.

Así nacieron todos

mis instantes,

arrogándose vivir el

mismo tiempo que,

tu mismo propio tiempo,

en sus pasos de silencio,

tan presentes, al otro lado

del espejo.

Fui probando,

como siempre

y en cada uno de

mis días, de esta danza

enunciativa el decir

del pensamiento.

Y en la punta de tus pies,

un saleroso ajetreo,

agració de dulces besos

mis deseos

que mezclaron libremente,

entre mis besos,

la danzante

expresión que dan

los cuentos cuando

entregan, sin ensayo,

su emoción.

Volver

El ángel herido

 

Vi un ángel sobre la acera,

un ángel con alas blancas.

Él custodió valeroso

a mi mocedad pasada.

 

Pude ver su joven rostro

entre sus manos cansadas,

llagado por mis angustias

y arrebujado de lágrimas.

 

Recuerdo, con su aleteo

rara vez el me rozaba,

y aun con veloces giros

yo nunca pude ver nada.

 

Siempre me hablaron de él

y su eterna salvaguardia.

Y pensar que no creía…

¡Qué tremenda mi ignorancia!

 

Ahora, por verlo así,

herido, por mis desgracias,

intentaré que despierte,

sonriéndole de mañana.

Volver

Inmigrantes

 

Las miradas noctámbulas se mecen

en la azul melancolía de aquel puerto.

Las miradas de los hombres, que despiertos,

encarnaron el quejido de ese fuelle

y las manos al trabajo

sólo a veces... En las changas

y en galpones que aun cerrados

permanecen siempre abiertos

al pasado.

Y ni el mango del jornal

ha reflejado lo que aún su tierra

siquiera se parece.

Volver

Entre los pastos


Vuela un soplo entre sus crines

de instinto desenfrenado

y un volcán en sus relinchos,

escarcea entre los pastos.

 

Natural del viento sur,

con bríos de dios pagano,

besa el cielo, su carrera,

en los aires de sus pasos.

 

Honró con su alma el acero,

del guerrero apasionado.

Y su sangre fue semilla

de casta entre los hidalgos.

 

En su estampa, aquella fuerza,

que inmortaliza los años,

deja su escudo en mi sombra,

y su pujanza en mis brazos.

 

Rocín, Rocín… Rocinante,

con su vendaval de saltos,

escarcea con la brisa

entre cenicientos pastos.

Volver

La fiesta del sol

 

Suspiros del agua fresca.

Llovizna de los veranos,

resplandecieron, cerúleos,

sus ojos entre los campos.

 

Sollozos desde los mares,

de caracoles rosados,

y un cóndor en su sonrisa,

rosada, desde lo alto.

 

Solsticio del mes de junio.

Invierno de albor lejano,

en Machu Picchu, enaltecen

al cielo todos sus brazos.

 

¡Oh! Fiesta del Sol… del Inca…

Llama del fuego sagrado,

que enrojecen de silencios,

los cóndores en lo alto.

Volver

Encrucijada

 

La luna pinta un viñedo,

de luna se pinta un lazo,

con zarcillos que se enredan

entre las uvas de marzo.

 

Así tira, entre las cruces,

que el tiempo deja en su paso,

el encierro de los toros,

en sueños azul violáceos.

 

Tiran, tirando las horas,

que agobian los calendarios,

y que menguan con la luna

presumida entre mis pasos.

 

Ah! Vida Mía… ¿Por donde

mi camino sigo andando?

¿en mi capote… torero?

¿O en sus púrpuras retazos?

 

O tal vez, por otros rumbos,

con viñedos de otros prados,

enlazados por un nudo

que va ciñendo mis años.

 

¡Cómo quisiera que fuesen

sólo sábanas los trapos!

Enredados por zarcillos,

entre las uvas de marzo.

Volver

Una rosa escarnecida

 

Sus brazos caen en la noche,

así, como rosas blancas.

De su piel enfurecida,

baja con ira su lanza.

 

Muere, soberbia, ya mismo,

vete de aquí, de esta casa,

y corre las manecillas

para morir con el alba.

 

Con quietud desesperante

y de una sola estocada,

de sangre se tiñe el suelo

y de verde, mi esperanza.

 

Allí, en su pañuelo rojo

que mi corazón bordara,

como rosa escarnecida

florecen dos rosas blancas.

Volver

Pintas Amarillas

 

Comenzó el otoño.

Comenzó con pintas sobre el verde,

con pintas amarillas.

Lentamente alcanzarán, como retoños,

los tonos rojos, ocres y dorados de siempre.

Lentamente...

Con la raíz cargada de su savia

puede llegar tan,

pero tan profundamente...

A esa paz interior tal vez, tan quieta

que desnuda su alma de cortezas

y regala colchones de hojarasca

entre húmedos rincones de violetas.

Volver

Copla Andaluza

(Cante Jondo)

 

Con quejíos de alborada,

la luz de la noche canta.

y los troveros de España,

en su cante, las tarantas,

sueñan penas de mañana.

 

De cal y amor, Pueblo Blanco,

de amor y cal, su Granada,

y de Almería un gitano,

en luces de noche claras

se desploma en su tablao.

 

Eh, tu!,  bailaora mía,

di tu danza solitaria

y muestra tu Andalucía,

en tus tacos de nostalgia

con tu mantón de Manila.

 

De ojos negros, su mirada,

su mirada de ojos negros,

que toda mujer gitana

en trovos alpujarreños,

enlucen la madrugada.

Volver

Encarnaciones 

 

El verde brillo

de sus ojos se encarnó,

como un anzuelo,

en la honda lozanía

de la correntada.

Y allí,

sostuvo a sotavento

un rayo quebradizo de sol,

que bailó en el delgado

hilo de su caña.

En sus manos,

siempre amasó la brisa,

que a babor, le convidó

latidos de dulzor al agua.

Y en sus pies, una caricia

sola le regaló color

a cada madrugada.

Y casi al mismo tiempo,

un gesto liso en la botella,

le obligó, bajo la luna,

a echar por la borda el ancla.

Volver

Mis cactus ©

 

Mis cactus

lucen matices de sosiegos

diferentes. Y esconden

tras su tela

inhumana de puntas

lisas, la tierna

carne de luna llena

en cada una de sus

pieles, que gimen

horas y ríen carcajadas.

Mis cactus

se llenan de esperanza

sólo con una gota

de la más exigua bruma

condensada,

que pudiera atrapar

de su aliento miel,

durmiendo sobre

cada espina como

si flotara.

Mis cactus me esperan

protegidos por lo

que no son, pero

que exponen como

fibrosa y desafiante coraza.

Mis cactus...

cada año, una

flor de pétalos

perfecta,

sólo por un día

me regalan.

Volver

Cuatro letras

 

Algún día escribiré una palabra

que fecunde tu vientre.

Algún día podré verte llena de letras

y de oraciones con verbo y también

con sujeto y predicado.

Sólo algún día...

Ese día en que los dos puntos

no definan situaciones,

cuando el acento no acentúe

y la palabra escrita solo tenga cuatro letras.

Algún día escribiré una palabra

que te arranque risas y te ahogue en lágrimas.

Que te robe el corazón cada mañana.

y que manche de tinta el mantel

en cada cena. Y que te haga despertar

en cada madrugada.

Sólo algún día... sin respetar renglones,

voy a escribirte sin palabras.

Volver

Fuga

 

Notas que se fugan

en nostálgicos y ansiosos contrapuntos.

Teclas que martillan los danzares

de mis dedos juntos,

y mezclado en mí,

tan solo unos compases

que navegan el sonido

de mis silencios más profundos.

Volver

El que juega a las sonrisas

 

Es tu día, viejo.

El día que se evoca

que todos los días son tuyos.

Un día más...  y más que un día,

un permanente renacer de ser papá.

Un papá que cambia los pañales,

que juega a las sonrisas.

El mismo que nunca te deja y siempre te mira.

El que está atento a tu llamado

y da por vos su vida...

Ese papá que te arropa y que te cuida,

el que se derrite simplemente

con una sola de tus caricias.

El que te ayuda con los deberes del colegio

y se llena de orgullo por tus notas obtenidas.

El que siempre infla tu bici,

y se conmueve hasta el llanto en tu alegría.

Hoy te regalo este beso,

para tu alma

y también para tus dos mejillas.

Es para vos papá,

hoy es tu día.

Volver

Eso dicen

 

Dicen que el tiempo

corre... o a veces vuela,

o también que escribe

detrás de ese tic tac

tan serenamente

su descansada espera.

Dicen que encerradas

en cada plenilunio,

las brujas, cada una

con su escoba,

suspendidas en el tiempo

merodean.

Así dicen...

Como caen al lienzo

los amantes

dentro de aquel vertiginoso

reloj de arena.

Dicen que el tiempo

convierte a la semilla en flor,

a la oruga en mariposa

y hasta a veces

la alegría se recuesta

en los brazos dormidos

de la pena.

Ese tiempo que nos ve

crecer, en cada marcha,

hasta que un día como hoy

podemos ver como han pasado

tantas décadas.

Dicen que el tiempo

es como un mago

que nos carga de sonrisas

la ilusión de los deseos

cuando baila entre

sus dedos alguna

fugaz y solitaria estrella.

Eso dicen del tiempo.

¡Ah! me olvidaba

que esta tarde

muy probablemente llueva.

Volver

Dos almas

 

Me quedé pensando en vos,

en tus mil cosas.

En la historia de este encuentro

y desencuentros...

En la Libra que nos manda

a equilibrar desequilibrios de la piel.

Me quedé pensando en vos,

y en la sonrisa dulce

que tu lágrima enmascara,

en tu simple y tan complejo afán

de amar y ser amada.

Me quedé pensando en vos,

y en cada vez que el destino

sutilmente nos cruzara,

nunca faltó aquel latido

de sonrojadas palabras.

O simplemente...

como dos almas que

en silencio se cruzaban.

Me quedé pensando en vos,

y en tanto tiempo

que mirarte me gustara,

y en ese azul deseo

que algún día me miraras.

Para poder entrar

por esos ojos mansos

y profundos de tu alma.

Volver